Las dos caras de un monje sanguinario y cruel

 

 

 

Girolamo Savonarola, uno de los inquisidores más fanáticos de la historia de la Iglesia Católica, va en camino a recibir la beatificación del Vaticano, el paso previo a la canonización.

Nacido en Italia en 1452, este monje dominico y fundamentalista del Renacimiento dejó su firma estampada en Florencia, una ciudad a la que aterrorizó con bandas de fanáticos adolescentes. Sin embargo, hoy, con miras a llegar al Jubileo del 2000 sin rencores, el papa Juan Pablo II ya expresó sus deseos de hacer las paces con los antiguos enemigos de la Iglesia Católica Romana. Ya lo hizo con Galileo, y ahora Savonarola figura siguiente en la lista, según un artículo del diario The Herald Tribune

 

Incluso el arzobispo de Florencia ya abrió una causa de beatificación, que apunta a destacar las llamadas “virtudes heroicas” que transformarían a Savonarola en un objeto oficial de veneración para la Iglesia.

El año próximo se cumplen 500 años de su muerte, e Italia se está preparando para la ocasión con exhibiciones y coloquios.

Savonarola organizó patrullas que hacían las veces de policía moral encargadas de perforar las lenguas de los blasfemos, rasgar las ropas de las prostitutas y de imponer los castigos más inmisericordiosos a los homosexuales.

Embarcado en su lucha contra Satán, emprendió una guerra sin cuartel contra el mismo papa Alejandro VI, de la dinastía de los Borgia. Su excesiva agresividad lo llevó a proclamar a Roma “monstruo abominable”, y a acusar a la Iglesia de “prostituta”.

Según un estudioso de este polémico monje, el reverendo Aramando Verde, un sacerdote dominico de Pistoia, Italia, es posible y “hasta un poco probable” que Savonarola sea rehabilitado por la Iglesia. Si bien los dominicos nunca se desligaron de Savonarola, algunos no se muestran muy conformes con su beatificación.

Sus sermones de alto voltaje que arrancaban gritos de lamentos y lágrimas de terror recorrieron toda Europa, gracias al milagro de la prensa recién inventada. Así, atrajo a masas cada vez más numerosas que se acercaban para escuchar sus palabras apasionadas y directas.

Alejandro VI mostró una notable paciencia con este “soldado de Cristo”. Pero finalmente, decidió excomulgarlo. En respuesta Savonarola, a su vez, siguió con su prédica, excomulgó al Papa, y llamó a un concilio para reformar a la Iglesia y deponer al Pontífice.

Después de marchar por Bolonia, Savoranola llegó con su prédica a Florencia. Allí sedujo a los florentinos al indicar que eran los hijos favoritos de Dios. Formó parte del Consejo de la ciudad y se ganó la simpatía de sus habitantes, eliminando impuestos.

La hoguera de las vanidades

Implantó la hoguera de las vanidades. En la Piazza della Signoria, una pira de 18 metros de alto se convirtió en el resumidero de todos los objetos que atentaran contra la moral cristiana. Los florentinos vieron así cómo “libros malditos”, como el “Decamerón” de Boccaccio, manuscritos, instrumentos musicales, máscaras y vestidos de carnaval se consumían en el fuego.

Pero con su agresividad y su prédica radicalizada solo logró rodearse de odio popular. Prohibió las carreras de caballos, el juego y todo lo que conspiraba contra la moral de la Iglesia. Y reclamó almas que solo se podían recuperar en las llamas purificadoras de la hoguera.

El pueblo se hartó de su puritanismo. Y la Iglesia y el gobierno llegaron a la conclusión de que Savonarola se tenía que ir.

La última señal

Fue en mayo de 1498. Una masa alborotada estalló en las calles florentinas en busca del monje. Fue atrapado, torturado, apedreado y ahorcado.

Y cuando su cuerpo fue arrojado a la hoguera, una masa enloquecida quedó muda de terror al ver que entre las llamas emergía la mano del monje en un gesto final, como un ambiguo mensaje de bendición o, tal vez, maldición. La plaza quedó vacía cuando la multitud huyó en pánico. Varios murieron aplastados.

 

DIOS

Por Fray Savonarola

“Dicen que no comprendo Tu Existencia,

que el fuego de los réprobos me quema,

que mi lengua sin cesar blasfema

y que no entiendo la palabra DIOS.

 

Dicen que no Te busco ni Te imploro

Ni Tus Grandezas infinitas veo,

Dicen que tengo el corazón de ateo

Y que mi labio te maldice. NO!

 

El Universo es el augusto templo

donde te encuentra absorta  la mirada,

el Sol es una lámpara colgada

que derrama su luz sobre Tu altar.

 

Allí te adoro yo porque Tu Nombre

entre los astros fulgurante brilla

y en espíritu doblo la rodilla

adorando en silencio Tu Bondad.

 

El aire que la atmósfera embalsama,

la savia que los seres acrecienta

y el fuego que los mundos alimenta

Tu Excelso Nombre proclamando están.

 

Eres la Voluntad Inquebrantable,

el Bien Eterno, la Virtud Potente,

de la Verdad inagotable fuente

porque eres la Razón Universal.

 

En su terrible estupidez el hombre

se forja un Dios indigno de alabanza,

ebrio de odio, cólera y venganza,

terrible y sanguinario como él.

 

Otras veces se finge en su locura

un Dios afeminado que se esconde,

que a la voz del creyente no responde

si en su altar no hay encajes y oropel.

 

Eso no es Dios! El Dios en quien yo creo

tener no puede la ambición del oro,

El Dios Bondad, el Dios a quien yo adoro

No cambia Sus Bondades por metal!”

 

Su Espíritu gigante no se oculta

En el recinto estrecho de un sagrario;

El Universo entero es Su Santuario

Pues es la Providencia Universal.

 

Interna Voz, Inagotable Fuente,

Fecunda Luz, Vivificante Esencia,

La base de Tu Templo es la conciencia

Y Tu Gran Sacerdote es el Amor.

 

Yo sé que existes Inmutable, Grande,

Yo en Tus Bondades infinitas creo

Pues en la tierra y en los cielos veo

Resplandecer esta palabra: DIOS!”

 

 

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