MUSICOTERAPIA

Para la timidez, Beethoven; agotamiento nervioso, Joseph Haydn; depresión constante, los valses de Strauss; insomnio o jaqueca, Franz Schubert. Estas son algunas de las "recetas" musicales que los médicos europeos o americanos brindan a sus pacientes. Los resultados son extraordinarios e indican un gran redescubrimiento del poder de la música, bien conocido por los antiguos. Un poder que puede curar y dar vida, pero que puede también, mal usado, incluso matar. La emisión continua de música durante las horas de ocio, en casa o en el trabajo, no es tan solo capaz de enfermarnos sino que también puede ser la causa de que ciertos tipos de conocimiento se vean eliminados por completo de nuestro cerebro.

Esta alarmante declaración fue efectuada en noviembre de 1975 por un pedagogo y sociólogo de la música , el Dr. Hermann Rauhe, de Hamburgo. El explicó el fenómeno de la siguiente manera: "Ciertas estructuras musicales, como por ejemplo el acid rock (rock duro), o ritmos semejantes, superexcitantes y duros, conducen a una mayor producción de hormonas. Si se consume tal tipo de música regularmente, tiene lugar una superproducción de hormonas y, consiguientemente, una oferta demasiado grande de energía, que, en general, no puede consumirse por falta de ejercicios. Según el Profesor Rauhe, los resultados de esto son la arterioesclerosis y los infartos, originados en la polución sonora del medio ambiente.

Los antiguos ya sabían, mucho antes que nosotros, que la música pude lograr que la gente se enferme e incluso enloquezca, como lo demuestra el ejemplo histórico de la destrucción de las murallas de Jericó por el sonido de las trompetas. Quizás los antiguos supiesen mucho más que nosotros acerca de los efectos de la música. Dijo Agrippa de Nettesheim (1486-1535): "Saxo Grammaticus (1150-1208) relata en su Historia de los Daneses acerca de un músico que se vanagloriaba de ser capaz de conseguir que los demás enloqueciesen. Entonces el rey le ordenó que probase la veracidad de sus afirmaciones , lo que este hizo. Comenzó a tocar música erudita y solemne, prosiguió con melodías más alegres y vivas que hicieron que la concurrencia hiciera gestos y movimientos, hasta que todos perdieron por completo la mesura, dominados por ritmos cada vez más movidos y locos". Dice Willy Schroeder de los aspectos demoníacos de la música: "Hay una magia satánica de los sonidos. Ya en los más antiguos tiempos era apreciada la música como un instrumento de magia. Tanto los magos blancos como sus adversarios los magos negros utilizaban sonidos que, en una determinada combinación y ritmo, actuaban de acuerdo con ciertas leyes del ocultismo. El hecho de que hayamos olvidado esas leyes no impide que estas no tengan aplicación en las adquisiciones más modernas de la música atonal. Los que practican esa música son concientes de su influencia sobre el alma humana, aplicando, incluso inconcientemente, el principio satánico basado en la desorganización de los tonos y en la desarmonía. La atonalidad es lo inmoral en la música. Tales sonidos tenían un lugar importantísimo en las bacanales, en las orgías y en los rituales del satanismo. En las misas negras, por ejemplo, se tocaba música atonal. Sin embargo, la música puede ejercer una influencia tanto maléfica como benéfica sobre los hombres y los animales. Hoy en día tenemos la terapia musical, cuya importancia ya era reconocida por nuestros antepasados y aplicada en gran escala.

Según la enciclopedia Brochaus, la terapia musical es "un remedio psicoterapéutico de la condición psicosomática del ser humano. El esfuerzo por curar las enfermedades con la ayuda de la música es antiquísimo". De hecho, entre los árabes y egipcios, el médico era un música mágico que influenciaba cuerpo y alma con el poder del sonido. Y un proverbio chino de hace 3000 años ensalza la música como "un remedio que prolonga la vida". También en el Viejo y Nuevo Testamento encontramos muchos ejemplos del poder curativo de la música. Y en ciertas tribus norteamericanas, el curandero, para curar ciertas enfermedades, cantaba melodías a sus pacientes para ayudarles en su recuperación., al mismo tiempo que les aconsejaba inventar y cantar ellos mismos otras canciones. Sin embargo el hecho de que los pueblos "primitivos" revelen muchas veces una mayor confianza en el poder de los tambores y trompetas para curar las enfermedades no tiene nada que ver con la superstición. El Lama, sacerdote tibetano, que es también médico y entra a la casa de los pacientes haciendo música, no quiere curar al enfermo precisamente con su música. Utiliza apenas la música como medio para lograr la concentración de la voluntad del paciente y así llevarlo al éxtasis necesario para que se cure.

Los griegos veneraban a Esculapio, hijo de Apolo y en su mitología el dios de la medicina descendía directamente del dios de la música. En la Ilíada de Homero podemos leer que una epidemia provocada por Apolo fue eliminada por el coro de Aechaeros. Se cuenta también en el libro 29 de la Odisea que una herida de Ulises dejó de sangrar cuando fue tratado con música. Hay innumerables ejemplos en los cuales la música, como remedio, hace "milagros". El filósofo y matemático griego Pitágoras (570-497 A.C) se libó de una manada de lobos prontos a devorarlo tocando una flauta, y fue uno de los primeros que intento curar enfermedades con la ayuda de la música. Fue así que toco música seria y suave en un determinado ritmo, par curar a un joven borracho que intentaba incendiar por celos la casa de su amada. El filósofo y naturalista griego Tales de Mileto (650.560 A.C.), uno de los siete sabios de Grecia y también uno de sus mayores filósofos y músicos, evito, a su vez, a partir de dulces melodías, una revuelta popular en Lacedemonia, así como también terminó, con la música de su arpa, con una peste terrible que surgió como una "contaminación melancólica" (hoy diríamos "contaminación psíquica").

Los griegos trataban los "disturbios de la conciencia" de un modo bastante metódico y curioso. Con la ayuda de ciertos estímulos sonoros y melódicos intensificaban el efecto psicopático hasta que el paciente alcanzaba una explosión descargando de tal modo toda la tensión acumulada. Los maníacos religiosos, por ejemplo, debían oír continuamente ciertas melodías de flauta, conocidas por intensificar el éxtasis religioso. Y tenían que escuchar dichas melodías hasta que su propia alucinación, intensificada al extremo, se "agotaba".

Louis Pauwels, en su libro "el Señor Gurdjieff dice lo siguiente: "la música objetiva se basa en las octavas inferiores. No es solo capaz de causar resultados psicológicos sino también determinados resultados físicos". Hay música, sostiene Pauwels, que hace congelar el agua y música capaz de matar una persona inmediatamente. La historia bíblica de los muros de Jericó, derribados por la música, es una historia acerca de la música objetiva. Normalmente, la música, como cualquier otra expresión artística, es incapaz de destruir edificios, pero la música objetiva si puede hacerlo. Y es capaz tanto de destruir como de construir.

Los experimentos realizados con la terapia musical durante al anestesia demostraron que la música no se limita a actuar sobre el cuerpo humano. Su esfera de influencia va más allá de las fronteras de la conciencia, llegando a profundidades del inconciente, de donde quizás surgen nuestras energías más vitales y esenciales. El Dr. Wittenberg, jefe de la sección de anestesia del hospital de Luneburg, dice que los pacientes pueden durante una operación escuchar su música preferida mediante un auricular. Les basta con elegir una cinta de la variadísima colección del hospital mismo. Investigaciones realizadas en los grandes hospitales de Alemania demuestran que cada vez más los médicos están utilizando a la música como terapia durante las operaciones. El Dr. Sommer Pedersen, del hospital de la Universidad de Copenhague de Dinamarca, también realiza hoy la mayoría de sus operaciones bajo sonidos de la música ligera. Y el médico sueco Dr. Erik Block, jefe de la sección de ginecología de un hospital, dijo: "Combinando la música de Mozart con la hipnosis, durante el parto, conseguimos disminuír notablemente la mortalidad de los recién nacidos. Conseguimos salvar el año pasado la vida de más de 30 bebes gracias a la música". Block encuentra que la música ayuda a las madres a relajarse acortando así el tiempo de parto. Muchos médicos están también utilizando música en sus consultorios a fin de relajar a sus pacientes y a que generalmente quien va a consultar al médico o al dentista se siente bastante asustado, lo que aumenta la presión y puede ser peligroso para la gente muy miedosa.

Dice un médico alemán: "Hago sonar en la sala de espera de mi consultorio cintas escogidas especialmente por un terapeuta musical. Cada pieza dura aproximadamente de dieciséis a veinte minutos y luego de un intervalo de la misma duración sigue otra pieza. Desde que comencé a utilizar a Mozart, Tchaikovski y Beethoven en mi consultorio los pacientes se sienten mucho mejor". Todo esto demuestra que en nuestro tiempo el tratamiento a través de la música se está haciendo cada vez más común y natural. Incluso la medicina moderna, con sus enormes progresos, comprendió el gran valor de la música como terapia, reconociendo así la sabiduría de los antiguos.

 

 
 
Anuncios