RESPONSABILIDAD HACIA LA NATURALEZA     

 

 

El hombre debe dejar de ser considerado el centro de la humanidad, y debe pasar a ser solo una parte de ésta. Renace el respeto al ambiente. 

Por Hugo Hoenisberg *

 

Si existe una sola biosfera de la cual el hombre hace parte, una especie entre las aproximadamente 80 millones que existen, hay razón para descifrar en esa igualdad biológica las interpretaciones que puedan servir para crear un juicio jurídico, que respalde los derechos de la naturaleza y los deberes con la humanidad.

Con esta idea, varios autores dicen que se puede ampliar el concepto ‘intereses humanos’, si estos no van más allá de los ya conocidos intereses a corto plazo de una minoría capaz de influir sobre las decisiones político económicas (el 10 por ciento del planeta que corresponde a los países desarrollados), es seguro que esa responsabilidad que buscamos será mínima.

 

En cambio, si se da una verdadera universalización de los intereses humanos que considere la urgencia de la solución ecológica, la naturaleza podría resultar efectivamente  protegida. Ello significa que los estudiosos del Derecho deben buscar una juridicidad que garantice el futuro de la humanidad, como una Carta Magna de Supervivencia de la Biosfera y la integridad del Planeta.

 

*La Tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la Tierra*. Los biólogos afirmamos que *La conciencia no es exclusiva del hombre, sino una propiedad planetaria global*.

Hay que conceder que el diluvio es la gran catástrofe ecológica, el castigo a una sola especie porque abandona la vida virtuosa, frutal y medida de la naturaleza, el arco iris es, en la historia de Noé, el fin el diluvio y la reconciliación del hombre con la naturaleza y con Dios.

 

Ya lo había dicho E.M.Ciroan en su libro El inconveniente de haber nacido: ‘Al permitir la existencia del hombre, la naturaleza ha cometido  algo peor que un error de cálculo: un atentado contra sí misma.¿Habrá un segundo diluvio? 

 

En su comunión con la naturaleza, el hombre sensible, en éxtasis, encuentra el espíritu, y en esos bosques de símbolos, los perfumes, los sonidos y los colores responden en una armonía de paz.

 

En medio de las advertencias, de la culpabilidad, el retorno a la naturaleza sagrada no es solamente poesía y misticismo; es el momento de penetrar a una ideología poderosa  con una nueva ética en busca de soluciones jurídicas.

En realidad es una nueva filosofía con nombres como ‘ecología radical’, ‘biocentrismo’. ‘ecocentrismo’.

Pero también hay teólogos cristianos que proponen el undécimo mandamiento, postulado por fieles a las religiones orientales, como Aldous Husley: ‘La Tierra le pertenece a Dios; no la contaminarás y no destruirás la vida que se desarrolla en ella’

 

EVITAR EL DESASTRE

 

Los diferentes planteamientos de los científicos, periodistas, sociólogos, abogados, políticos y filósofos que se han percatado del desastre que se avecina, han surgido del convencimiento resultado de los datos incontrovertibles  sobre los daños que la actividad humana ha producido y que la naturaleza debe tener quien la defienda.

Las consignas como “primero la Tierra”, “ampliemos el círculo”, “declaración de la interdependencia”, “liberación de la vida de la naturaleza y de los animales”, son banderas angustiosas sobre el daño irremediable.

 

Nadie puede banalizar este tema y es posible que cuando se institucionaliza cierto sarcasmo, se puede ver en él, al igual que cierto efecto  en determinados círculos. No es conveniente desestimar el profundo sentido espiritual de estas consignas.

Charles Darwin, en el Origen de las especies, suprime todo privilegio a la especie humana al hacerla parte del proceso evolutivo.

 

En general, la ecología al presentar plantas, animales, suelos, ríos, mares, y atmósfera como una máquina interactuante quita todo privilegio a la especie humana y señala en el horizonte nuestra posible sobrevivencia como algo que podría darse siempre y cuando el hombre respete y valore los ciclos, ritmos, equilibrios y experimentos de la naturaleza.

Entonces, se debe buscar un lenguaje apropiado para esta nueva alianza, pues la industrialización, el desarrollismo y el consumismo ad ultranza ponen en peligro la vida misma.

 

La calidad de la vida, que involucra desde la habitación hasta la vivienda, la política (con una nueva visión sobre el poder y la democracia), la descentralización y el bioregionalismo pueden ser los elementos que conformen esta nueva filosofía que no puede admitir que la naturaleza sea sometida a toda clase de explotación.

Es una filosofía que busca en la naturaleza un sujeto con dignidad propia que reivindica unos derechos fundamentales. El cambio que propone es el de un universo biocentrista en donde “el hombre no sea la medida de todas las cosas”, idea que el humanismo arrogante del renacimiento italiano nos legó.

 

En lugar del hombre como medida de todas las cosas, la revolución del biocentrismo propone que el hombre sea sacado del centro de la cultura natural y se coloque en la periferia, como cualquier otra especie, girando alrededor de la biosfera que es la única que puede ser la medida de todas las cosas.

 

Se solicita adoptar un nuevo patrón de conducta y nuevas leyes, resoluciones y mandatos que no sean simple acuerdos para negociar la contaminación, Se prevén astucias para evitar disponer de basuras que no son otra cosa que argucias para burlar la sacralización y el respeto hacia la naturaleza

 

El conocimiento científico de la naturaleza, que nos da el conocimiento concreto de su coherencia y de su armonía, es el que alimenta el éxtasis estético de todo y a la vez nos deleita mientras conocemos la máquina que los produce.

Cuando se comprende se ama porque se puede predecir lo que será y se puede saber porque se amplían los horizontes, es posible proponer alternativas de desarrollo amable para con la naturaleza.

La educación no científica ha impedido volver los ojos hacia los procedimientos y metodologías que permiten distinguir ideas y opiniones de conceptos y certezas científicas que nos relatan el fluir probabilístico de los procesos con los cuales se construyen los experimentos de la naturaleza.

 

* Fundación Instituto de Genética-ecológica &

   Biodiversidad del Trópico Americano

Tomado del Periódico  El Tiempo

Bogotá, octubre 11 de 1999

 

La conciencia no es exclusiva del hombre sino una propiedad planetaria global

 

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