El Evangelio del Buddha

 

Comienzo esta intervención con una maravillosa anécdota del Buddha, el Iluminado, el Instructor del Buddhismo que dice lo siguiente:
Mientras el Buddha predicaba su ley para la conversión del mundo, en Sravasti, un rico que padecía grandes males fue hacia él, y suplicándole le dijo: “Buddha, que adora el mundo, perdona mi falta de respeto si no te saludo como debiera, porque estoy demasiado incómodo por la obesidad, el exceso, el atontamiento, y otros achaques, de tal modo que no puedo moverme sino con dificultad.”
El Tarhagata, otro nombre que se le da al buddha, viendo el lujo de que estaba rodeado aquel hombre, le preguntó: ¿DESEAS CONOCER LA CAUSA DE TUS MALES? Y cuando el hombre manifestó tal deseo, el Bienaventurado le dijo: “Hay cinco cosas que producen el estado que padeces: las comidas excesivas, el dormir demasiado, el amor al placer, el abandono y la falta de ocupación. Modera tus comidas, proporciónate deberes que ejerciten tu capacidad y que te hagan útil para los demás, y si sigues mis consejos, prolongarás tu vida.”

Siguió el rico los consejos del Buddha y poco tiempo después recobró su ligereza corporal y un vigor juvenil; y fue nuevamente hacia Aquel que adora el mundo, a pie y sin escolta, y le dijo: “Maestro, has curado mis males físicos, pero vengo ahora a buscar luz para mi alma.”

Y el Bienaventurado le dijo: “El mundano nutre su cuerpo, pero el sabio nutre su alma. El que goza en la satisfacción de sus apetitos, trabaja para su propia destrucción; pero el que va por el camino encontrará al mismo tiempo que la salvación de su alma la prolongación de su vida.”

Por siglos amigos, el ser humano, hemos luchado por encontrar un estado perdurable de felicidad, lucha que no ha rendido los frutos esperados porque seguimos caminos equivocados; creemos que alcanzaremos la felicidad poseyendo riquezas, lujos y placeres, razón por la cual dedicamos buena parte de nuestra vida en acumular bienes materiales que nos permitan vivir holgadamente, con libertad, felicidad y paz.

Algunos conseguimos hacernos ricos, medio ricos o seguimos en nuestra condición de pobres; sin embargo, nunca conseguimos ser dichosos, seguimos siendo presa de las enfermedades, los problemas, las tentaciones y los vicios.

En asuntos como el alcoholismo, el pobre se embriaga con mezcal, aguardiente o refresco con alcohol, el de clase media, con brandy, tequila, ron, etc., etc., y el rico, con whisky, coñac o champagne.

Y así, conseguimos momentos fugaces de placer que nada tienen que ver con la verdadera felicidad ni con un estado interior armónico.

Con esto podemos comprender que el mundo materialista en que vivimos, crea placeres, de acuerdo a la posición económica de cada individuo, de manera que a mayor posición económica, los vicios son más caros y a menor poder de compra, los vicios son más baratos, y tal perece que lo único que nos importa es procurarnos placeres que fácilmente confundimos con la felicidad; seguimos pues una rutina cansona que no nos lleva a conocer la libertad y la paz autenticas, una rutina que no nos conduce a un cambio radical en nuestra forma de ser, sentir y pensar.

Continuamos buscando por caminos equivocados un estado de armonía para nuestras vidas.

Si podemos, vamos a la escuela, nos instruimos para conseguir algún trabajo, más sin embargo, no logramos tranquilidad en nuestro andar.

El fracaso en nuestra lucha por una paz interior, se debe, precisamente, a que en nuestro interior cargamos con los enemigos secretos que se oponen a que seamos libres, pacíficos y felices.

Esos enemigos secretos que citan todos los libros sagrados, se encuentran también, en el Evangelio del Buddha con el nombre de “YO.”

“A cualquier parte que miréis está el acoso y el empuje, la carrera ávida de placeres, el miedo al dolor y a la muerte, la feria de las vanidades y la llama de los ardientes deseos. Aprended a distinguir el “YO” y la VERDAD. Él “YO” es la causa del egoísmo y la fuente del pecado; la verdad no se liga a ningún “YO”; es universal, y conduce a la justicia y a la equidad. Purificaos del pecado y santificad vuestra vida. No hay otro medio de alcanzar la verdad. La extinción del “YO” es la salvación.”

En el maravilloso y revelador Evangelio dice: El “YO” es el origen del error y oculta la verdad, no hay ningún mal que no proceda del “YO.” No hay ninguna injusticia que no sea producto de la afirmación del “YO”; el “YO” es el principio de todo odio, de la iniquidad (maldad), de la calumnia, de la impudicia, de la indecencia, del robo, de la estafa y el derramamiento (efusión) de sangre. El “YO” es MARA, (sánsc. El seductor q’ trata de apartar al Buddha del sendero), el tentador, el malhechor, el creador del mal.” “El “YO” seduce por los placeres, el “YO” promete un paraíso encantador. El “YO” es el velo de MARA que oculta la verdad. Pero los placeres del “YO” no tienen realidad; su laberinto paradisíaco es el camino de la perdición, (infierno) y su belleza que se aja (construye) a la luz del deseo no puede satisfacerse nunca.”

Nuestra querida ira, nuestra querida envidia, nuestra querida gula, nuestro querido orgullo, nuestra querida lujuria así como nuestra querida pereza y nuestra querida codicia, son la causa de que se encuentren llenos los hospitales, las cárceles y los panteones.

El “YO” del odio genera enfermedades, pleitos, asesinatos; el “YO” del orgullo, de la lujuria, de la codicia, acaba con matrimonios y familias enteras, el “YO” de la pereza, propicia el atraso de los pueblos y combinado con el “YO” de la gula, genera la terrible obesidad, la acumulación de riquezas, joyas, trajes, vestidos, coches etc., etc., pues no solamente tenemos gula de alimentos, sino de muchas otras cosas más.

La envidia por su parte, provoca la terrible competencia entre los profesionistas, los comerciantes, los empresarios, los hijos, etc., competencia que sólo nos deja odio y resentimiento.

Dice el Evangelio del Buddha, ¿Quién nos librará de la tiranía del “YO”?, ¿Quién nos salvará de nuestras miserias? , ¿Quién nos restablecerá en una vida de felicidad?

La respuesta la encontramos en donde nos dice que la extinción del sufrimiento, del dolor sólo es posible mediante la aniquilación del “YO”.

Y ese trabajo amigos, sólo podemos hacerlo cada uno de nosotros en lo individual, nadie puede hacer ese trabajo por nosotros.

Buddha manifiesta: “Diez cosas hacen malas todas las acciones de los seres vivos, y sus actos se tornan buenos cuando las evitan. Esas cosas son:

Tres pecados del cuerpo, cuatro pecados de la lengua y tres pecados del espíritu.

Los tres pecados del cuerpo son:

+ EL CRIMEN, EL ROBO Y EL ADULTERIO.

Los cuatro pecados de la lengua son:

+ MENTIR, CALUMNIAR, INJURIAR Y HABLAR INÚTILMENTE.

Los tres pecados del espíritu son:

+ LA AVARICIA EL ODIO Y EL ERROR.

Por esto, continua el Buddha, os doy estos Diez Mandamientos:

– NO MATÉIS, tened respeto por la vida (de toda criatura de la naturaleza).

– NO ROBÉIS, NI HURTÉIS, ayudad a cada uno a poseer los frutos de su trabajo.

– EVITAD TODA IMPUREZA (adulterio) Y LLEVAD UNA VIDA CORTA (pura).

– NO MINTÁIS; sed verídicos y decid la verdad con discreción, no de modo que dañe, sino con ternura y prudencia.

–NO INVENTÉIS MALOS INFORMES (chismes) NI LOS REPITÁIS, NO OS QUERELLÉIS, ved la parte buena de nuestros hermanos de modo que podáis defenderlos con sinceridad contra sus enemigos.

– NO JURÉIS; HABLAD CON DECENCIA Y DIGNIDAD. (Buen uso del verbo).

– NO PERDÁIS EL TIEMPO EN PALABRAS VACÍAS DE SENTIDO; HABLAD LA VERDAD O CALLAD. (El 95% de lo que hablamos no sirve para nada).

–NO TENGÁIS CODICIA NI ENVIDIA; regocijaos de la dicha de otro. (Alegrarnos por el bien ajeno).

–PURIFICAD VUESTRO CORAZÓN DE LA MALICIA: arrojad lejos de vosotros la ira, el despecho y las malas disposiciones; no cultivéis el odio, ni aun contra los que os calumnien, ni contra los que os hagan mal. Sed para los seres vivos bondad y benevolencia.

–LIBERTAD VUESTRO ESPÍRITU DE LA IGNORANCIA Y DESEAD APRENDER LA VERDAD sobre todo en la única cosa que sea indispensable, no por miedo a ser presa del escepticismo o del error. El escepticismo os volverá indiferentes y el error os desviará de la verdad. (Dejar atrás los dogmas, buscar la verdad por sobre todas las cosas a través de la comprobación, el que comprueba conoce la verdad, el que no comprueba se pierde en los dogmas y cree sin comprobar.)

Realmente amigos, la Doctrina del Buddha es una didáctica completa para conseguir la eliminación del “YO” de nuestro interior.

Y lo podemos comprobar nuevamente al leer con los ojos del espíritu el DHARMAPADA, Dharmapada significa, “SENDA DE LA LEY” y contiene todas las reglas o preceptos morales que siguen todos los discípulos del Buddha.

En él nos dice: “Lo que somos, es el resultado de lo que hemos pensado, se funda sobre nuestros pensamientos, lo hacen nuestros pensamientos. Si hago mal, yo mismo lo sufro; si no hago mal yo mismo me purifico. El que posee la pureza y la impureza, no puede purificar a su vecino.”

Esta pequeñísima parte del DHARMAPADA ya nos lleva a una reflexión profunda:

¿Acaso una fuente puede verter por una misma abertura agua dulce y amarga?. ¿Acaso puede la higuera producir aceitunas o la vid higos?.

Debemos saber que ninguna fuente puede hacer agua salada y agua dulce simultáneamente, así mismo, debemos saber que no podemos estar recorriendo la Senda del Buddha, la Senda de la Eliminación del “YO” y hablar palabras dulces y amargas a la vez, no se pueden hacer cosas perversas y virtuosas simultáneamente.

Toda acción perversa arroja al estudiante (gnóstico) fuera del camino. Más, de nada serviría conocer el Evangelio del Buddha si no lo llevamos a la práctica. El hombre mediocre critica a los otros hombres. El hombre superior se critica a sí mismo.

Termino con otra trascendental anécdota del Buddha que dice así:

Habiendo enviado de misión a sus discípulos, el Bienaventurado fue de pueblo en pueblo hasta que llego a Uruvilva, ciudad de la India antigua.

En su camino se detuvo, sentándose en un bosque para descansar. Y ocurrió que en el mismo sitio unos treinta amigos se divertían con sus mujeres, y mientras tanto una parte de sus bienes les fue robada.

Todo el grupo se puso a perseguir a los ladrones, y encontrando al Bienaventurado sentado bajo un árbol, le saludaron diciéndole: “Perdón Señor: ¿habéis visto pasar unos ladrones con lo que nos han quitado?”

Y entonces el Bienaventurado dijo: “¿Qué vale más para vosotros, buscar los ladrones o buscaros vosotros mismos?” Los jóvenes dijeron: “Buscarnos nosotros.”

“Bien, dijo el Bienaventurado; entonces sentaos y voy a predicaros la verdad.” Y todos ellos se sentaron y escucharon ávidamente las palabras del Bienaventurado. Y recibiendo la verdad. Glorificaron la doctrina y se refugiaron en el Buddha.

 

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