La serpiente que era amiga de los niños 
domingo, enero 17, 2010, 12:00 AM – Reflexiones
Escrito por Administrador

Los seres humanos hemos evolucionado mucho en las últimas décadas. La revolución industrial y la actual revolución tecnológica nos han dado a los seres humanos una forma de controlar lo que ocurre a nuestro alrededor. Los grandes avances en la medicina, en las comunicaciones, en los procesos tecnológicos hacen que cada vez estemos más alejados evolutivamente de los hombres del medievo o de los primeros homínidos. No obstante, hay algo que todavía arrastramos desde que el ser humano comenzó a considerase como tal y que no hemos podido eliminar ni con las más modernas técnicas. Seguimos teniendo miedo.

Al igual que cualquier animal, el ser humano lleva en sus genes, en su cerebro más reptiliano, respuestas automáticas ante la amenaza. Cuando nos vemos en peligro, como cualquier animal, huimos o evitamos la situación. Esto nos ha hecho sobrevivir, nos ha permitido seguir adelante a lo largo de los siglos.

Pero también existen miedos aprendidos. Los primeros homínidos tenían miedo porque vivían en un mundo muy peligroso. Cualquier error, cualquier duda, les llevaba a la muerte. Hay muchos miedos que no están en nuestros genes y que, sin embargo, hemos ido arrastrando en las diferentes generaciones humanas. Los miedos aprendidos son aquellos que no están basados en peligros reales, sino que se basan en nuestra imaginación. Los seres humanos, al contrario que los animales, tenemos imaginación, podemos crear ideas nuevas, tener fantasías. Pero las fantasías nos pueden jugar malas pasadas, porque nos pueden hacer creer como real algo que no existe.

Esa es la base de la ansiedad. La persona que tiene ansiedad se imagina peligros de futuro que no existen en el presente. La ansiedad está basada en preguntas del tipo “¿Y si me pasa tal cosa?”, “a lo mejor me ocurre tal otra”, etc. Sin embargo, la ansiedad comienza cuando nuestro cerebro detecta que han ocurrido cambios en nuestra vida, pero nosotros seguimos haciendo lo mismo. Es decir, la ansiedad es consecuencia de que no nos adaptamos bien a los cambios.

Pero no es de ansiedad de lo que quiero hablar hoy. Hoy quiero hablar de los miedos no patológicos que tenemos los seres humanos y que nos bloquean, nos impiden avanzar. Cuando un bebé nace no tiene miedo, el miedo lo adquiere por aprendizaje. A principios del siglo XX unos investigadores entregaban a unos bebés serpientes para que jugaran. Los bebés, que no tenían experiencia previa, aceptaban muy complacidos sus nuevos juguetes. Después los investigadores, al mismo tiempo que entregaban las serpientes, hacían que los padres de los bebés comenzaran a gritar y lamentarse. Claro, lo bebés aprendían que las serpientes eran peligrosas y a partir de ese momento los bebés habían aprendido una fobia ante las serpientes.

No sólo aprendemos a tener fobias, sino que aprendemos de nuestro entorno todos los miedos culturales que hemos ido arrastrando a lo largo de los siglos, sobre todo miedo al cambio, miedo al riesgo, miedo a salirnos de nuestra zona de seguridad. Los miedos tienen que ver con lo desconocido, con la zona de sombra que rodea a cada persona.

¿Cuáles son tus miedos? ¿Cómo sería tu vida si no tuvieras ningún miedo? ¿Cómo sería tu vida si supieras que no te vas a equivocar? ¿Cómo sería tu vida si fueras capaz de modificar cualquier pequeño detalle que ya no te hace feliz? ¿Cómo sería tu vida si fueras capaz de asumir pequeños riesgos?

Cuéntame tu experiencia.

Ricardo Ros

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